Sentada, miraba pasar las palabras junto con alguna que otra mentira. Mis ojos fijos en los suyos, pero con la mente divagando en Andrómeda. Sólo pedía algunas notas de piano, un ahogo de primavera. Lentamente sus palabras se convertían en sonido, sus conceptos en otro idioma, sus mentiras en algo cotidiano. Y es que no quería escuchar, y es que quería ser un pilar. Es que ya colapsaba de nervios, es que sus costumbres no eran las mías. ¿Y quién va a cubrirme cuando llueva? ¿Quién va a tomar un par de flores para hacerme un simple regalo? Pero no. Seguía ahí, sentada, mirando pasar las palabras que ya eran partícipes de toda mentira, o, en realidad, las mentiras eran partícipes de toda palabra. Mis ojos habían bajado, observaba un pequeño papel doblado, sucio. No era nada anormal, nada atípico. Pero, cuán parecido era.
Un suave toque en mi hombro me hizo pisar la tierra.
"¿Me escuchaste?"
Dejame volver a Andrómeda,
tiene más colores.